La últimas

3 de enero de 2017

Subsedes Juegos de Tokio 2020 se niegan a pagar la fiesta olímpica

Nuevo problema para Tokio 2020. Los gobernadores de seis prefecturas y cuatro localidades próximas a la capital que serán subsedes en los próximos Juegos Olímpicos se niegan a asumir el coste de las instalaciones que se deben construir en sus áreas para el evento, rebelándose contra la petición que les había hecho el presidente del comité organizador, Yoshiro Mori, y la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike.

Era difícil imaginarlo cuando hace tres años el COI eligió a la principal ciudad de Japón como sede olímpica por segunda vez en la historia, pero los problemas económicos están originando serias dificultades al proyecto. La voluntad del COI y de la nueva gobernadora de la capital nipona, en el cargo desde el pasado mes de agosto, de recortar el millonario presupuesto estimado inicialmente, ha llevado a los responsables del acontecimiento a reclamar a los municipios donde también se celebrarán competiciones que abonen el coste de las infraestructuras deportivas temporales que les correspondan. Eso supone cambiar el plan original, que era que el comité organizador se hiciera cargo del gasto de todas ellas.

Sin embargo, diez responsables de estas subsedes, entre los que están las prefecturas de Saitama, Kanagawa y Chiba, colindantes con la capital, así como varias ciudades próximas además de la de Sapporo, al norte del archipiélago, no quieren que participar en la fiesta olímpica les suponga un agujero en sus cuentas y por eso han firmado una carta, que le entregaron tanto a Mori como a Koike, negándose a aportar un dinero que no estaba previsto cuando decidieron unirse al proyecto.

Un presupuesto con 11.000 millones menos que el previsto en principio

Tras promover numerosos cambios respecto al dossier original, el comité organizador anunció hace unos días que el presupuesto para Tokio 2020 se moverá definitivamente entre los 13.086 y los 14.724 millones de euros, cerca de 11.000 millones menos de la cantidad que un panel de expertos advirtió hace unos meses que podría llegar a costar la celebración de los Juegos. Del gasto ahora previsto, el comité organizador quiere hacerse cargo nada más que de 4.088 millones de euros, quedando el resto para los Gobiernos de Tokio, el Ejecutivo central y otras administraciones, como los Gobiernos de las prefecturas y ciudades previstas como subsedes.

Del proyecto por el que Tokio resultó elegido en una votación en la que se impuso a Estambul y Madrid queda poco. A día de hoy se han modificado más de un tercio de las sedes quedando en el olvido la cercanía prometida entre ellas y su ubicación en torno a la Villa Olímpica. El estadio olímpico será muy distinto al previsto inicialmente y muchas de las nuevas instalaciones comprometidas se han sustituido por algunas antiguas que serán remodeladas. Con el fin de reducir costes, se han trasladado algunas disciplinas a instalaciones de ciudades fuera de Tokio. Estas modificaciones no han gustado a algunas federaciones deportivas internacionales, que se han quejado de los perjuicios que les ocasionan.

Un proyecto perjudicado por numerosas polémicas

La negativa de los gobernadores locales a colaborar en la financiación de las instalaciones es el último obstáculo con el que tiene que lidiar un evento que ha ido acumulando polémicas en los últimos tiempos, lo que ha erosionado la imagen de eficacia y organización que vendió en su momento. Tanto el ministro de Deportes, Hakubun Shimomura, como el director general de Deportes de Japón, Kimito Kubo, se vieron obligados a dimitir al desecharse el faraónico proyecto elaborado por la arquitecta Zara Hadid para el estadio olímpico tras las críticas recibidas por su diseño y la excesiva inversión que requería, una decisión que supuso unas pérdidas de 45 millones.

El cambio en el proyecto del estadio, que finalmente será construido por el arquitecto nipón Kengo Kura con un presupuesto sensiblemente inferior, unos 1.125 millones por los 1.863 que hubiera costado el de Hadid, retrasará su inauguración, como mínimo, hasta abril de 2020, apenas tres meses antes del comienzo de los Juegos, impidiendo así que sea probado durante la Copa del Mundo de Rugby que se celebrará en Japón en 2019, lo que provocó una protesta formal de World Rugby, el órgano que rige este deporte a nivel mundial.

Además, el logotipo elegido en un principio para los Juegos tuvo que ser retirado después de que la organización fuera acusada de plagio por el diseñador belga Olivier Debir, que denunció que era demasiado parecido al que elaboró dos años antes para el Teatro de Lieja. El responsable del emblema propuesto para Tokio 2020, el japonés Kenjiro Sano, negó que hubiera copiado el diseño pero reconoció haberse inspirado en imágenes encontradas en Internet.

Ahora, los planes del Comité Olímpico Internacional de ofrecer unos Juegos con un presupuesto contenido, tal y como marca la Agenda 2020, que pretende incentivar en el futuro a las ciudades a acoger los Juegos, una propuesta a la que se sumó de forma entusiasta la gobernadora de Tokio, se encuentra con el problema de que aún no sabe quién hará frente al coste de varias de sus instalaciones. Algo que se supone que debería estar más que previsto desde antes de ser elegida como ciudad sede.
Publicar un comentario